¡Arriba, excursionistas! ¡Hoy es el día de la marmota! ¡Preparaos, porque hace frío!

noviembre 8, 2010 en comunidades, Dinamización, Formacion, redes sociales por José Manuel Sáinz

“Les daré un pronóstico para el invierno: será frío, oscuro y durará… el resto de sus vidas”

Phil Connors (Bill Murray) en la película “Atrapado en el tiempo

Arriba exursionistas

Un grupo musical llamado Axis of Awesome intentó demostrar que la mayoría de los éxitos musicales de los últimos años se pueden interpretar ejecutando sólo cuatro sencillos acordes (Sol Re Mi Menor y Do). No se a qué espera la SGAE para registrarlos, y con ello la mayor parte del repertorio musical universal.

De nada Teddy.

Como el movimiento se demuestra andando y la fe rezando, se decidieron a hacer un vídeo musical en el que interpretaban ni más ni menos que 38 éxitos de manera continua utilizando la misma pauta. El teorema de la recurrencia de Poincaré hecho música. El mito de Sísifo, cambiando la piedra por un piano. El eterno retorno que nos anunciaba Nietzsche a lo largo de 38 canciones. Pavor! Desasosiego !

¿Tal vez lo que nos demuestra este experimento es que vemos, oímos y sentimos lo mismo una y otra vez? ¿Está todo inventado?

Básicamente si. Explicado de una manera más compleja, no. Pero básicamente si, que es lo importante.

I Got You Babe

Es empíricamente demostrable que hay cosas que siempre funcionan. En el campo del diseño, por ejemplo, con la proporción aúrea en una mano y la teoría del color en otra, podemos construir fácilmente una composición armónica. Si a ello le añadimos cualquier tipografía sans serif en el caso de necesitar texto, es muy difícil que nos rechacen una propuesta con el argumento de que sea incorrecta. Una puntualización necesaria en este momento del desarrollo de mi post: que algo sea correcto no significa sea brillante o interesante.

La vida, por mucho que nos engañemos, es un deja vu constante. Intenten recordar películas con el mismo patrón (la filmografía de Meg Ryan, el Clint Eastwood de los 70, el cine de Mariano Ozores) canciones que siempre suenan a lo mismo (el reggaeton, Pau Donés o Fito Cabrales) autores que siempre parecen escribir el mismo libro (Danielle Steel, Christian Jacq, Corin Tellado…). Mi generación, que ha crecido con el equipo A y el coche fantástico, el cúlmen de la repetición argumental, sabemos de lo que hablamos.

Mientras haya resultados y éxito, el tópico se sigue exprimiendo. Cuando pasa de moda aparece el rechazo, luego el redescubrimiento y de nuevo el rechazo. Así hasta la extenuación, el bucle eterno.

Quedémonos en Punxsutawney para siempre

¿No tienen la sensación de hacer el mismo curso de formación de manera repetitiva una y otra vez?. En un curso de habilidades prototípico primero tratarán de sorprenderles para modificar las expectativas con las que llegan, luego les preguntarán porqué están allí, tratarán que cuenten sus problemas con el fin de crear un proceso de identificación con el objetivo del curso. En el paso siguiente les contarán una serie de trucos y estrategias para mejorar en sus hábitos, un poco más de debate si procede, unas conclusiones y repaso antes de dar por cerrada la actividad.

Da igual si de lo que se trata es la gestión del tiempo, presentaciones, negociación o prevención del acoso sexual. Recuerden cuando acudan al siguiente curso esta pauta y comprueben si se repite: Sorpresa inicial, identificación, consejo, debate, conclusión y repaso. Una metodología así podría funcionar eternamente a un tutor ¿Pero también al alumno?

Seis semanas más de invierno

Los cursos técnicos tampoco son más variados: Conceptos generales, teoría, instalación, más teoría y prácticas (los últimos dos pasos tantas veces como temas haya que tratar), si da tiempo, y el tutor se lo ha preparado, se finaliza con unos trucos a modo de resumen. Después todos a casa. No importa si son de 2, 5, 20 días o varias semanas. El patrón se repite hasta la náusea.

El panorama no mejora mucho en la formación online. Observen la cara salida de una película de George A Romero del alumno,  pulsando el botón del ratón o la barra espaciadora de manera cadencialmente repetitiva pasando  fichas. Pantalla tras pantalla, curso tras curso, año tras año. Tema tras tema. Al final uno no recuerda si vio un ejemplo sobre una balanza en el primer o en el tercer curso de ese año. Ni si hablaban de Gandhi en motivación o en negociación. O en ambos. Qué más da en el fondo.

¿Y qué pasaría si no hay un «mañana»? Ayer no lo hubo.

¿Y si «el mañana» pasara por trasladar el peso de la demanda de formación a los alumnos y cambiar el papel que juega el tutor en una actividad formativa? Deberíamos romper la tendencia de servir contenido de manera vertical y empezar a fomentar la colaboración entre los miembros de nuestra organización, ayudados por un tutor-dinamizador. Al cambiar el flujo de demanda también se alterará el patrón establecido de la oferta formativa.

Lo que propongo es cambiar el siguiente eje: Empresa detecta carencia > Empresa encarga formación a un tutor > Tutor prepara curso con un patrón seguro > Tutor imparte la formación ciñéndose a dicho patrón para evitar caer en la incorrección > Alumnos reciben formación > Alumnos llegan a su puesto de trabajo y comienzan a olvidar lo aprendido.

Les contaré una anécdota: en una ocasión plantee una duda en un foro sobre flash con el fin que me ayudaran a resolver un problema en una aplicación que estaba desarrollando (pondría el enlace, pero dicho foro ya está cerrado por desgracia), alguien me ayudó y cuando investigué quien era aquel buen samaritano vi con estupor que trabajaba en mi misma empresa. Años antes había dado un curso presencial de flash. El profesor se acababa de reciclar de C++ a flash en 6 meses. Se había aprendido las cuatro notas que tenía que tocar para que el curso sonara bien. Sin embargo cuando le planteábamos una duda fuera del guión sudaba como un presentador de España Directo en un control de drogas.

Redes sociales de conocimiento para salir del bucle

La colaboración entre iguales no elimina a los formadores, les obliga a modificar rutinas que suenan a lugares demasiado comunes, por muy correctos que sean. Los tutores deben evolucionar hacia papeles de tutores-dinamizadores, y para lograrlo tendrán que aparcar las cuatro notas con las que ejecutan la melodía de todos sus cursos y comenzar a servir contenidos con otros acordes más cercanos a las nuevas formas de aprendizaje. Si quieren llegar a los alumnos actuales y futuros tendrán que ser más breves, directos y concretos. Aprender a utilizar las mismas herramientas de interrelación que usa la gente. Hablar con el mismo lenguaje que ya habla la sociedad.

También deberán comenzar a entender las acciones formativas continuas, en vez de intensivas. Esto es: menos contenido pero repartido en más días, en vez de todo el contenido concentrado en un día. Con ello es posible invertir la curva del olvido, de la que antes hablábamos que comienza a aparecer una vez que el alumno llega a su puesto de trabajo.

Un punto clave del cambio reside en que los tutores-dinamizadores escuchen en todo momento las necesidades de los usuarios y sepan responder a sus demandas. Este feed-back inmediato es beneficioso para ambas parte. Por experiencia les diré que los alumnos suelen ser muy crueles con contenidos desactualizados.  Esto obligará al tutor a modernizarse e invertir la percepción general de estar escuchando el mismo curso reutilizado hasta la saturación. Desde aquí hago un llamamiento: nunca máis el ejemplo del ahorro que supuso a American Airlines el quitar una aceituna del menú. Han pasado 23 años ya de la anécdota. Cada vez que aparece en una actividad formativa es como si yo fuera Bill Murray y la marmota Phill saliera de nuevo de su madriguera anunciando seis semanas más de invierno.